Posteado por: marimercita en: octubre 19, 2010
Me miraba fijamente con esos ojitos cubiertos de pestañas de “aguacero”- como decía el abuelo- curiosamente no se le notaban ojeras, no estaba particularmente pálida; de no ser por ese rictus característico del miedo, al ver que la luz del día se agotaba y daba paso a la obscuridad de nueva cuenta, hubiera sido imposible [...]
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