Posteado por: marimercita en: febrero 2, 2011
Advertencia: El siguiente post puede y estará teñido de “rosita”, tener contenido cursi o sobre exposición de analogías… si ud se siente cómodo con ello, bienvenido.
Me imagino justo el momento previo a saltar de un avión y caer en cuenta, justo al iniciar la caída libre, que es un misterio si en la mochila existe, o no, un paracaídas. La caída en sí misma -dadas las circunstancias- produce una mezcla de adrenalina y pánico. Después sólo viene la decisión de hacer un acto de fe donde, a pesar del pánico, la construcción de posibles escenarios y de la activación del sistema de alarma respectivo, uno le apuesta a que cuando sea necesario el paracaídas se abrirá y caerá seguro.
Para mí esta analogía simple, acompaña de forma irreductible al instante en que las neuronas se quedan sin cartuchos y se percatan que han sido víctimas de un golpe de estado, que su ley no rige más las acciones y decisiones que se tomen hasta nuevo aviso. El corazón (favor de imaginarlo con traje militar y parche de pirata) es peor que cualquier dictadorzuelo tropical, el sistema nervioso lo sabe y sabe que cualquier intento de hacerle frente resulta insuficiente. Siendo así, no queda más remedio que capitular voluntariamente (aplicar el flojito y cooperando).
Todo esto viene a colación debido a que, después de pensar que los desperfectos de la vida habían roto ciertas funciones de esta que escribe y de considerar la idea de que los intentos de asesinato al dictadorzuelo tropical habían dejado frutos –cosa que parecía sumamente lamentable- tengo en una mano la capitulación firmada y en la otra algo que, a ojo de buen cubero, es de tal tamaño que sólo encajaría en alguna descripción mágica.
Al final, como alguien me dijo alguna vez, en efecto “no debería –y no es—tan difícil” y por el contrario puedo decir que hace todo más fácil. Es sólo cosa de disfrutar la caída, cerrar los ojos y tener fe en que se abrirá el paracaídas cuando sea necesario.
“I feel like I win, when i loose”
Prometo evitar ausencias tan largas y volver con intensidades de otros colores.
febrero 3, 2011 a 8:42 pm
Es la caída en sí misma el acto de fe más grande que podemos experimentar, pues sabemos que de no estar listo el paracaídas el golpe sería fatal.
Sin embargo el “diver” que suscribe se siente seguro por dos factores importantes: a) esta completamente consiente de la gran responsabilidad que es preparar la mochila y b) sabe q su compañero de salto hizo lo propio, pues ha sido un proceso de preparación para el salto con periodo suficiente de entrenamiento, mucha paciencia, algunos ensayos y mucha mucha dedicación.
Este salto, que no definiría como tanden pues uno no cuelga del otro en ningún momento, más bien ambos caen de la mano, puede llegar a ser una experiencia de vida, donde finalmente el paracaídas llega a ser un mero y bonito adorno y la caída se convierte en un vuelo infinito a nuevos horizontes, aventuras, y espacios nunca antes vistos, lugares donde los colores parecen ser más brillantes, se descubren nuevos sabores, se aprenden mas habilidades y crecen sentimientos donde antes no había.
Este vuelo contrario a lo que uno piense, es un excelente ejercicio pues provoca un cardio impresionante en todo momento, un rush de emociones, adrenalina y sensaciones produce un tour de experiencias únicas e irrepetibles que mejoran la condición física así como psicológica y emocional.
Un vuelo donde llevas en una mano algo que por el tamaño solo encaja en una descripción mágica, es probable que sea esta fuente ilimitada de energía, pues ambos llevan uno en la mano y que la otra mano está sujeta al compañero de vuelo, la recapitulación firmada se convirtió en un avión de papel que busco otros rumbos porque en esta aventura no es tan requerido pues saben que están en buenas manos del dictador, con todo y su traje militar, a pesar de las apariencias que como buen político, tiene una imagen que cuidar a la vista de ojos ajenos es tan bueno y puro como el aire que se respira a esas alturas.