Posteado por: marimercita en: julio 8, 2011
Alguna vez llamé hogar a ese cubo negro de pocas ventanas, mal pintado, bien ubicado y cubierto de risas, cante, baile, otras caras -que también eran mías- vidas prestadas, ilusiones compartidas y personalidades múltiples.
Pareciera a veces que no puedo huir muy lejos de ese 2004 y todo lo que gira alrededor de aquel lugar que ya no es, ni se siente como hogar pero que me dio tanto. Tal vez fue ahí donde, siendo otros, empece a ser yo.
Ahí encontré el complemento que necesitaba, partí un cachito más (por no decir que me partí en más) entre luces, tablas, piernas improvisadas, llamadas 1…2…3… gente. Todo por una genialidad y con una cosquilla en las entrañas.
En esas paredes la cosquilla se incrementó, se multiplicó y en cierto sentido se mantiene ahí congelada en el tiempo y tomando forma de nostalgia -de uno, de dos y de muchos- envuelta tal vez en una nariz roja, un sombrero o unas castañuelas.
Hoy que me atacaron los recuerdos (y eso que todavía no los busco) siento que esa yo, se reconocería menos en aquella que vivió en el cubo negro… Sería tal vez como verse la planta de los pies o buscar las raíces de un árbol.
“No somos tan diferentes” resuena una voz en mi cabeza (de esas que tanta lata dan) y no se si habla de las raíces… O los recuerdos.
Primera llamada… Primera
Intenseadores